Champú, cuchillas y otros secretos de familia

Mi padre es un hombre de los de toda la vida. En su neceser sólo hay un cepillo de dientes, un after shave, al que el llama “el masaje”, no porque no escueza sino porque comparado con el Varón Dandy es como darse una sesión completa de talasoterapia. ¡Qué mira que escuece! Que el tío que le puso el nombre de “brava” al Agua Brava, probó el Varon Dandy y se le cayó la cara de vergüenza. Pues eso, que lleva el cepillo, el masaje, un jabón y un champú. Y el jabón le da igual que sea Nivea que Lagarto, que no los distingue. De hecho yo creo que si cojo un taco de madera, le grabo con una navaja “Avena Kinesia” y lo pongo en el jabonero, como máximo comentará que no hace mucha espuma.

Esto era lo que yo creía, pero el otro día no os podéis imaginar hasta que punto me sorprendí cuando le escuché recriminarle a mi madre que se había confundido comprándole el champú. Que él usaba anti-caspa pero en versión “cabellos normales que se engrasan rápidamente”. Ya veis, ¡cuándo crees que ya lo sabes todo sobre tu padre, vas y descubres que eres hijo de “Miss Pelo Pantene”! Si le llega a haber comprado Benecol en vez de Danacol no le vuelve a hablar en la vida. Me lo imagino mirando a mi madre fijamente y diciéndole: “Has traicionado a mis triglicéridos, no sé si podré perdonarte algún día…”

Tanto me intrigó este hecho que no pude resistirme a averiguar que otros trucos de belleza ocultaría mi padre, un hombre que hasta ese día creí que acariciaría a mi madre con el anverso de las manos antes que echarse crema en las palmas por tenerlas ásperas. Y sé que es de mala educación curiosear en baños ajenos, pero era el baño de mis padres, si me descubriesen que iban hacer, ¿llamarme maleducado? Eso sería como llamarse a si mismos malos educadores. No arreglarían nada. Y además, que leches, hay confianza.

Lo primero que me llamó la atención fue ver que se había pasado de la espuma de afeitar al gel, que ya dicen en el anuncio que es mucho mejor porque cubre toda la superficie de la cara. Lo qué no sé es por qué siguen vendiendo la espuma, ¿para quién le guste hacerlo difícil? Junto al gel estaba la máquina de afeitar, porque mi padre siempre fue una persona que hace las cosas con lógica. El gel al lado de la cuchilla, el martillo al lado de las puntas, el calzador al lado de los zapatos, el mando de la tele al lado de las cervezas. Observé que la maquinilla de afeitar tenía cinco hojas. Recuerdo no hace muchos años, cuando me afeitaba poco más que el mostacho, que los de Gillette sacaron una máquina con dos cuchillas y te la vendían como si fuese la evolución definitiva, con ella apurabas el doble. Me la compré al día siguiente de su lanzamiento. No la compré el día del lanzamiento porque me parecía un poco peligroso salir de casa un día que sabes que van a lanzar a la calle cuchillas de dos hojas. Era una idea brillante, pero en Gillette, lejos de relajarse, un par de años después se dieron cuenta de que con tres hojas te afeitarías aún más rápido y sacaron la Gillette de tres hojas. Dos años más tarde con cuatro y sacaron la de cuatro, y hace poco, con cinco, y han sacado la de cinco. ¡Cómo les lleve otros dos años darse cuenta de que con seis hojas todavía se puede tardar menos, es para ir a la fábrica y llamarles imbéciles uno por uno!

Pero si hubo un hallazgo en el cuarto de baño que me superase completamente fue ver una crema facial que era estupenda porque contenía “retinol”. Que es de esas cosas que con ese nombre por fuerza tiene que ser buena, como el Omega3 o el Bifidus activo. Así que me enteré de que era exactamente el “retinol”, y es, ni más ni menos que Vitamina A, claro que no pueden llamarla por su nombre de pila porque sino todos sabríamos que lo único que están haciendo es venderte queso, huevos o leche, pero que no te los puedes comer. Claro que eso si, la crema es de suponer que al menos no tendrá colesterol, sino después de echárnosla, tendremos que lavarnos la cara con Benecol, digo Danacol, que no vaya a ser que la volvamos a líar…

Merlín se vende barato…

Parece mentira que la informática, una tecnología completamente basada en combinaciones lógicas de procesos matemáticos, resulte tan absurda. Y frívola, sobre todo frívola. A ver, yo no digo que mi portátil tenga que soñar con ovejas eléctricas como los androides de la novela de Philip K. Dick. Pero sí me paso más horas con él que con mi familia, mis amigos, mi perro si lo tuviera y los ácaros de debajo de mi cama, podría al menos estar un pelín humanizado. Sinceramente, creo que ese es el gran fallo de cualquier sistema operativo, no utilizar la estadística para coger confianza contigo. Porque quedando todos nuestros movimientos registrados como quedan, me parece una lástima que no se aproveche esa información para que aparato y usuario vayan estableciendo una relación de familiaridad. Me explico, si cada día enciendes el ordenador a eso de las nueve de la mañana y lo apagas a las ocho, en vez de la musiquilla de inicio de sesión, ¿no podría salir un mensajito de buenos días? Y en vez de la de cierre, un mensajito diciendo: ¿Qué? Por fin a casa, ya estarás hasta las güevos, ¿no?

Y sí, reconozco que esto sería para nota, que el ordenador supiese tus horarios y tu estado de humor al salir del trabajo, pero por ejemplo, lo que sería fácil de hacer y le añadiría un poquillo de sal a nuestro día a día informático sería que hubiese varias versiones de Windows que tuviesen las mismas prestaciones pero distintos caracteres. Estoy pensando por ejemplo en que hubiese un Windows Borde, y que en vez de preguntarte, “¿Está seguro de que desea apagar el ordenador?”, te preguntase, “A ver imbécil, decídete de una puñetera vez, o apagas el ordenador o lo dejas encendido pero no andes tocando las pelotas”. Y en contrapartida habría también el Windows Ñoño, que sustituiría la pregunta anterior por el mensaje: “Usuario (diga aquí su nombre), vida mía, ¿de verdad que me vas a apagar? Me partes el alma, no te parecería estupendo quedarte otro ratito, ¿qué me dices corazoncito?” O el Windows Sútil, que en vez de darte el aviso de “se ha producido un error fatal”, y emitir ese sonido tan estridente, simplemente carraspearía hasta que tú cayeses en la cuenta de que lo estabas haciendo mal. Y como estas podría haber todas las personalidades que se os ocurran.

Pero como pensar en este tipo de sensibilidades en unas mentes tan asépticas como la de los pupilos de Bill Gates parece una utopía, yo me conformaría, como decía al principio, con que la lógica se impusiera también en los pequeños detalles del uso de los programas. Porque a mi no deja de desconcertarme que si escribes en el procesador de textos de tu ordenador las palabras “Muy señor mío”, emerja un clip, sin haberlo llamado y te diga, con toda la arrogancia del mundo, “parece que está usted escribiendo una carta, ¿puedo ayudarle?” Que tú piensas, hombre, si me la llevas tú no la sello. Pero a poco alfabetizado que esté uno, le ofende que un clip le quiera explicar como se redacta una carta, y entonces, indignado, pulsas en la opción de cambiar el personaje del asistente, y te sale un perro muy majete moviendo la cola, y que dice, para tu sorpresa, exactamente ¡las mismas frases que el clip! Y ya, ofendido por completo, vuelves a cambiar y aparece una especie de mago merlín que también dice lo mismo y piensas, ¿cómo puede ser posible que Merlín, con todo lo que ha sido, haya aceptado ser igual de gilipollas que un clip y un perro sólo por salir en el Windows XP? La decepción no puede ser mayor. Queridos señores de Microsoft, sabrán mucho de programación, pero de construir personajes no tienen ni idea. De entrada, el clip sólo debería ofrecer sus servicios cuando la duración del texto superase una página, que para otra cosa no sirve, más que para sujetar hojas. Merlín, para ver si gracias a su magia consigue que el documento llegue a su destinatario, porque si hay que confiar en el servicio de correos lo mejor es recuperar al perro para que la olfatee por si acaso tiene que seguir su rastro cuando se pierda.

El niño se va con los gusanos… Adiós Sergio Algora

Ya veis, un post en dos semanas y ahora dos en un día…

Mientras escribía el post anterior, que ya era un pelín melancólico, desde las noticias de La2 tres palabras hacían que mi escucha se volviese activa: Muerto - Sergio - Algora. No soy yo muy dado a los obituarios, de hecho es el primero que realizo en este blog y el segundo o el tercero en toda mi vida.

Quizás el tío no era muy conocido para el gran público, pero yo sentía una gran afinidad por su gusto a la hora de componer canciones: Mucha ironía, buen humor, surrealismo y psicodelia en un contenedor pop. Un poco lo que yo intento llevar a mis shows. Por eso, aunque el título del post parezca macabro y no vaya con la línea editorial de ningún periódico, yo quiero imaginar que a él le hubiera gustado la ironía. No sé.

Coincidencia o capricho, estos días se me había dado por recuperar a su segundo grupo que había olvidado durante unos meses, La Costa Brava, como compañero en mi camino al trabajo. Así que mañana llegaré a Globomedia oyendo a una leyenda del pop, en lugar de a un grupete indie majete, sin cambiar de cedé. De momento, ya he movido sus discos, del estante de los de Love of Lesbian o Manos de Topo, al del Sargent Peppers de los Beatles o los de los Small Faces.

Os pego la noticia de EL PAÍS:

Sergio Algora.

JOSE A. NAVAS

MADRID.- Una de las voces más importantes de la música alternativa española se ha apagado para siempre. Sergio Algora, el que fue cantante y líder del grupo zaragozano El Niño Gusano, falleció la pasada madrugada en su casa mientras dormía.

El músico padecía problemas del corazón, según informa en su blog Fran Fernández, su compañero en La Costa Brava.

Sergio Algora nació en Zaragoza en 1969 y fundó El Niño Gusano, que nunca llegó a tener un gran eco mediático pero sí una gran influencia en otras bandas, en el año 1993. En su música se conjugaban unas letras de tintes surrealistas con un sonido pop que jugaba en ocasiones con la psicodelia.

Con el grupo publicó, entre 1995 y 2000, cuatro álbumes: ‘Circo luso’, ‘El efecto lupa’, ‘El escarabajo más grande de Europa’ y ‘Fantástico entre los pinos’ -una recopilación de caras B-. La banda está considerada como una de las más importantes de lo que ha venido a conocerse como ‘indie’ español de los 90, escena que compartieron con grupos como Surfin’ Bichos, Los Planetas o Family.


Tras la desaparición de El Niño Gusano, Algora participó en el proyecto Muy poca gente, mientras otros miembros de la banda crearon Tachenko.

Actualmente, Algora formaba parte de La Costa Brava, grupo que creó a partir de Muy poca gente junto a Fran Fernández, ex miembro de Australian Blonde. La formación debutó en 2003 con ‘Déjese querer como una loca’ y desde entonces había publicado otros cinco álbumes.

Además de músico, Algora era también escritor y publicó cinco libros de poesía, uno de relatos y una obra teatral. En la página de Club Cultura escribía un blog, donde se pueden leer algunos de sus últimos escritos.

Y por supuesto, os dejo un par de vídeos:

El Niño Gusano:

La Costa Brava:

¡Chau Sergio!

Poquito a poquito voy haciendo el caminito…

Nunca contesto a los comments de los post, a veces por falta de tiempo, a veces por vagancia, lo reconozco… Pero en estos días complicados de debut precipitado y nervios varios, tengo que agradecer más que nunca vuestro apoyo ante esos que me han visto como “el asesino de Ángel Martín” y me han crucificado sin dejarme nacer, o simplemente ante el reto que supone este nuevo puesto que me han confiado, aunque no haya premios para el comentario 50, ni para el 51. Así que a mis incondicionales Ruth, Telepatético, Galahan (El Padrino…) que me apoyan desde sus blogs a capa y espada. Y a todos los que me habéis descubierto en El Rey, anunciando cerveza, o me recordábais de verme hace años en un garito y me demostráis vuestro apoyo, gracias también. Gracias a Strigoyu por su crítica diaria, aunque  no sea demasiado objetiva. Y por supuesto, a los que me conocéis desde mi debut en LaSexta y tenéis paciencia conmigo.

A los demás, a los que se dedican a insultar (que no a criticar, que desde el civismo, cualquiera puede manifestar su disgusto por mi labor), que si soy gordo (vaya observación…), que si soy un enjendro, que si soy subnormal, que si no le hago gracia ni a mi puta madre, que si cualquier retrasado lo haría mejor. Como no pretendo abrir un debate acerca de internet y la libertad de expresión, sólo les diré que llevo seis años en la senda del humor, ese es el tiempo que me ha llevado llegar a donde estoy, ya sé que comparado con los cuarenta que se tiró Moisés andando por el desierto no es tanto, pero es tiempo de cojones… Así que si tan sobrados se ven, les invito a recorrerlo.

Besos para todos.

¡Ya es oficial!

Muy grande tendría que ser la desgracia que me ocurriese para que el próximo uno de julio no empiece mi sección en “Sé lo que hicisteis…” de La Sexta.

Así que ya sabéis, si todavía no estáis antenizados, ¡ya estáis tardando!

A continuación os dejo lo que dice la web oficial del programa de mí y mi incorporación:

A partir del 1 de julio, Rober Bodegas se incorporará a Sé lo que hicisteis… El cómico será un nuevo azote de los programas del corazón, espacios de los que analizará los pequeños detalles que se escapan para ponerlos al descubierto.

Rober Bodegas fue el ganador del programa del año pasado de TVE El Rey de la Comedia, concurso que buscaba al mejor humorista del país entre más de tres mil aspirantes.

Debutó como cómico en el 2002, y desde entonces ha actuado en varias salas de España, ganando varios certámenes de monólogos. En 2005 creó su propio espectáculo, Un día horrible, y es coautor y actor del montaje de la asociación de cómicos Manicómicos, Gazapo.

En 2007 estrenó su segundo espectáculo, Vamos a dejarnos de hostias, acumulando más de trescientas funciones en salas por España. Este año ha presentado su espectáculo, El día en el que empecé a odiar los yogures y otras desgracias, con funciones semanales en las principales salas del país, y desde enero colabora con una sección de humor semanal en La Voz de Galicia.

Sé lo que hicisteis… batió récord de espectadores el pasado 16 de junio, con una media de 1.299.000 espectadores y un 10% de cuota de pantalla. El magacín atraviesa por el mejor mes de su trayectoria (8,9% y 1.112.000), y la audiencia media del programa en la presente campaña se sitúa en un 7,8% de cuota de pantalla y 938.000 espectadores.

Y por adornar un poquillo el post dos vídeos del programa, el primero de mi primera aparición en pantalla en el programa, hay que estar atento para verme, lo reconozco.

Y el segundo, un clásico del programa: “El Musical”

Ahora sólo queda ver como me va mí…

*De momento la prensa del medio ya toma nota:

En FórmulaTV es hoy (26/06/200 8) noticia de portada.

En Vertele tampoco se les ha escapado.

Y por supuesto donde más me han apoyado siempre también lo han contado, La Tele que me parió.

Eurovisión (Sé lo que hicisteis el último sábado…)

Vuelvo a perrear por estos lares después de una pequeña época de descuido debido a mis deberes profesionales y problemas de coordinación con la ubicación de “Lo que pasa por mi cabeza” en WW.MAPIE.ES, la página de la campaña publicitaria de Estrella Galicia.

En fin, que he actualizado las próximas actuaciones y prometo añadir más cosillas próximamente.

Y a lo que ibamos, el post:

El pasado sábado, al fin, tuvo lugar el certamen de Eurovisión, ese que no vale para nada, ese que ya no le gusta a nadie, ese que tuvo una audiencia histórica. Que ni cuando La1 era el único canal lo veía tanta gente. Un 59,3% de los espectadores, que ya los quisieran para sí los Barça-Madrid, los debates entre cejitas y el barbitas o Fernando Alonso subido en un Ferrari. Sí, diga lo que quiera, pero a usted, bien fuese por odio o por amor, le interesaba ver al Señor Chikilicuatre. Y no me diga que no ponían otra cosa, váyase usted al videoclub, lleve a su señora a tomar un café o lea un libro, que su librería no se va a sentir violada aunque la desnude un poquito.

Mientras veíamos la gala con la cortinilla más famosa del mundo sentíamos como una especie de humo gris eliminaba la omnipresencia del Chiki-chiki de nuestro lóbulo occipital y lo reubicaba en el subconsciente del “me suena” después de tres meses con más debates que las primarias de Estados Unidos. ¡Qué llevan más Supermartes que la TVG!

Mucho ha dado que hablar el Chiki-chiki. Los más radicales quisieron hacer del tema una cuestión de estado, llegaron a tomarse el asunto como un ultraje a la bandera. Sin embargo estoy convencido de que no enviaron ni un SMS a la elección de representante más democrática que se recuerda. Mientras, otros países han anunciado que emplearán nuestro sistema de selección para los próximos festivales. Mira tú por donde, nuestro Rodolfo no cantará bien pero va implantando la democracia por Europa del Este con una guitarra de juguete, sin necesidad de recurrir a la violencia. ¡Bravo por la música! ¡Perrea, perrea George Bush! Aún así, los disidentes de nuestro cantante abanderado criticaban la inexistencia de melodía en su composición, así como lo vulgar y ridículo de su puesta en escena. Que por otra parte, ha sido elogiada por Jean Paul Gaultier (que alguien diga lo de “con dos coj…” que a mi me lo tachan). En todas estas quejas e inquisidores reproches se intuía el lamento de “esto con Franco no pasaba”, lo cual me hizo pensar… En el ’64 ganamos nuestra única Eurocopa en una final ante Rusia no exenta de polémicas políticas. Cuatro años más tarde, (en el ’68, ya les hago yo la suma no se me hastíen) Massiel ganaba Eurovisión con su “La, la, la”, instalándose para siempre en el balbuceo, en unas votaciones últimamente empañadas de las mismas sospechas que la mencionada final. Con esto quiero decir que si el señor Caudillo no sabía perder jugando al fútbol y hacía trampas al karaoke no es de extrañar que si discutías con él de política te pegase un par de tiros. No lo defiendo, pero ahí cosas que se ven venir. ¡¡¡Dale la razón, tío!!!

Otro sector ofendido era el de los euromelómanos de toda la vida, que criticaban la elección de un actor de comedia como candidato en lugar de un cantante profesional. Claro que éstos ahora, viendo que la victoria se la llevó un patinador, han decidido centrarse en el Festival de la OTI. Si es que aún existe.

Por lo demás, entre los indecisos, los no posicionados y los meros observadores, las valoraciones son de lo más dispar. Y así el domingo, que era el día de los análisis y las moviolas, a poco que uno arrimase la oreja en cualquier conversación podía escuchar todo tipo de argumentos. Desde los que profundizaban en la ejecución, y no me refiero a los que insistían en matar a Rodolfo, que alguno había, sino a los que focalizaban el problema en la interpretación de la canción. Por lo visto, al apadrinado por Buenafuente, se le notó nervioso y cantó peor que otras veces dijeron algunos. Como si ahí estuviese la clave, como des un Re en lugar de un Mi entonando el “Maiquelyason” Armenia ya no te da los doce puntos. Hasta los que apuestan por una teoría conspiratoria acerca de una asociación secreta entre los países exsoviéticos, y que entienden nuestra actuación como una señal de protesta por la adulteración del certamen, “éramos pocos y…” Sin olvidar por supuesto a los que sintetizan el fracaso en no haber llevado a una tía despampanante luciendo cachaza. Si es que el video mató a la radio, y Sabrina mató a la música.

Movimiento de Rober Para Anunciar Estrella

Muy buenas,

Muchos ya os habréis enterado, algunos estareis aburridos de verme por ahí colgado, pero otros no tendréis ni idea. Pues bien, la cuestión es la siguiente. Estrella Galicia, la cerveza por antonomasia en Galicia (¿por qué será?), o más bien, los responsables de la marca han considerado que yo transmitía unos valores, sensaciones o como los queráis llamar, idóneos para representar su producto. Yo que daba el “perfil” lo tenía claro. De hecho como más comodo me hubiera sentido habría sido anunciado un formato de litro…

Pero bueno, ellos sabrán lo que hacen y en quien confían que para algo son gente estudiada. Y yo mientras, encantado de contar mis paridas por la tele en nanomonólogos de 40 segundos. Como este:

La idea de la campaña, que yo os anticipo en exclusiva, es que, para no resultar demasiado rallante repitiendo las mismas chorradas durante meses, es que cada quince días aproximadamente, aparezcan nuevos sketches/anuncios. Así que permaneced atentos a los intermedios en la tele (sólo en Galicia, TVG, Antena3 y La1) o a la página WWW.MAPIE.ES

Esta es la razón por la que esta página se traslada a WEBLOGS.MAPIE.ES/ROBERBODEGAS, dentro del portal MAPIE, en el que también podréis crear o mudar (como yo) vuestro blog.

Aunque no preocuparse demasiado los que me tengáis enlazado que podréis seguir accediendo normalmente a través de wordpress.

Un beso y continuad visitándome!

Por cierto, en el blog de crítica de televisión TELEPATÉTICO en donde todo sea dicho, siempre me tratan muy bien, ya se han hecho eco de este hecho (valga la redundancia) y me han hecho una crítica que podéis leer clickando en el enlace anterior. Bueno vale, también clickando aquí

Lo dicho, nos vemos!

Son Goku vs. Pikachu

Los de mi generación solemos comentar orgullosos que disfrutamos de más calidad en la programación infantil que los niños de ahora y el botón de muestra suele ser la serie de dibujos Pokémon, que con tono despectivo explicamos a los que no la conocen que va de unos niños preadolescentes que coleccionan unos monstruitos de medio metro de alto que ellos mismos cuidan y adiestran y los transportan en unas esferas poco más grandes que una pelota de tenis. No tiene ningún sentido, eran mucho mejores Son Goku y sus bolas de dragón, dónde va a parar, afirmamos más convencidos que David el Gnomo de que es siete veces más fuerte que nosotros.

Pues qué queréis que os diga. Recapacitemos. Los monstruos de Pokémon puestos unos encima de otros haciendo un castellet no alcanzan ni la cuarta parte de la altura del dragón de Son Goku. Y eso sin entrar a considerar el valor formativo que supone mostrar a un niño educando y haciéndose cargo de una criatura socialmente inaceptada como es Pikachu. Y sí, vale, es difícil de aceptar que el bichejo pueda salir de esa esferita. Pero si me creo que tres kilos de Ariel caben dentro de la arielita gracias a su nueva fórmula ultraconcentrada, también me creo lo del bichejo. Además, peores eran las cápsulas que tenían Son Goku y sus coleguitas, que eran del tamaño de un antibiótico, y al abrirlas podía salir desde un coche hasta un chalecito para poner en la sierra.

Que aquí ya no voy tanto al hecho de que pueda aparecer una casa al abrir una pastillita, que eso no es para tanto teniendo en cuenta que al abrir un maletín han aparecido urbanizaciones enteras en toda la costa. Lo que no soy capaz de creerme es que dentro de esa casa que se autogeneraba ya hubiera galletitas en la despensa y leche fresca en la nevera. Y lo que es peor, que si pasaban cinco o seis días sin usar la capsulita de la casa, que al volver a hacer aparecer la casa de nuevo, la leche no estuviese cortada o al menos un pelín ácida.

Por otra parte, en Son Goku no dejaban de andar a piñazos los unos con los otros, ya fuese por deporte en los campeonatos, o para solucionar cualquier tipo de desavenencia. Mientras que los niños adiestra-pokémon se aprovechan de sus monstruitos para canalizar su ira y resolver sus conflictos sin recurrir, al menos de forma directa, a la violencia física. Sin duda una solución mucho más pedagógica en estos tiempos de bullying.

Pero si hay un valor negativo que nos inculcase Son Goku, era sin duda la codicia. Que Son Goku era tan codicioso que si no llega a ser porque metía unos guantazos como panes lo hubiese matado el malo de Seven como paradigma de tal pecado capital. Porque que un tío que vuela en una nube que la llama y viene a recogerlo (que tenía que venirse a Galicia, le iba a costar más encontrarla que a mí el coche en el párking del Carrefour el día que empiezan las rebajas), que tiene un bastón que se estira no sé si hasta el cielo pero sí hasta el purgatorio, que lanza ondas vitales con las manos y que si hay luna llena se convierte en un mono más grande que el padre de King Kong, pues que ese tío se pase la vida obsesionado con encontrar unas bolas mágicas es para cogerlo y decirle: «Filliño, deja algo para los demás, ¿qué más quieres?».

Y al margen de morales y comparaciones a mí, si había una cosa que me hacía levantar suspicacias en Las Bolas Mágicas era que el entrenador que tenía Son Goku siempre llevaba una coraza enorme de tortuga en la chepa, que yo no sé si era porque no tenía una capsulita mágica de esas y tenía que llevar la casa a cuestas, o porque indirectamente estaba ofreciendo sus servicios a las tortugas ninja. Pero lo que está claro es que en algún lado del mundo hay una tortuga enorme sin cascarón llevando un hatillo, porque el señor este le ha robado la casa.

De todos modos, y dicho esto, si hay algo que de verdad no me acabe de cuadrar es que cuatro tortugas plantígradas se pudiesen pasear tranquilamente por Nueva York y que nadie se diese cuenta gracias a que llevaban una gabardina. Pero ese ya es otro tema?

La República Independiente de mi casa

Llamadme adalid de la globalización si queréis. Pero reconozco que en mi reciente instalación en la capital, ha habido una “pequeña” mueblería sueca que me ha facilitado bastante las cosas. Ir allí es como si lloviese a gusto de todos. Hay cosas buenas (caras) y cosas malas (baratas). De hecho no estaría mal que al entrar te preguntasen lo que has comido. Si has comido una fuente de santiaguiños y un chuletón, para el lado caro. Si tu almuerzo se ha limitado a un pedazo de pan duro con mortadela, para el barato. Lo bueno es que las cosas baratas (malas) no son feas. Por eso hago el símil del pan, porque aunque todos preferimos comer algo más que pan, -los santiaguiños sin ir más lejos-, el olor del pan es apetitoso, aunque pienses, “que triste es mi vida, estoy comiendo pan solo”, lo hueles y te gusta.

 

Otra cosa buena es que todas las cosas tienen unos nombres raros en sueco, que aunque son difíciles de pronunciar, sirven para que aún sin tener ni idea de decoración, sepas combinar. Por lógica la mesa “Lack” combinará con la estantería “Lack” y el sofá “Klippan” con la funda “Klippan”. Obvio. Ojalá hiciesen lo mismo en Zara y le pusiesen nombres a las prendas, así sabrías que, por ejemplo, el jersey “Xeitosiño” da bien con el polo “Xeitosiño”, o que a la camiseta “rompoconlapana” le va el pantalón “rompoconlapana”. Podrías ir más chulo que un ocho con garantía Inditex.

 

Hace poco en la tele ponían un anuncio que parodiaba el montaje de sus muebles. Que si pon la tuerca “Skronsen”, que si atornilla la balda “Glonsen”… No es para tanto, al menos se montan con destornillador y no se necesita usar cola, que la odio. La cola es esa cosa blanca, pringosa que viene en tubos como los del dentífrico, deja pegotes allá por donde pasa y lo peor de todo, ¡qué no pega! Vamos, que la cola es una  pasta de dientes tóxica. El colgate de los chinos es cola. La cola sólo vale para desesperarse, acabar hecho un cristo, de mala leche y con las piezas del mueble sin pegar. Si trabajas con cola y no atraviesas ninguna de estas fases alcanzas directamente el Nirvana. La cola sólo debería servir para una cosa: para obtener una licencia que te permita comprar Loctite. Si llegas a la tienda y pides un tubo de Super Glue, el dependiente te saca una figurita rota en cuatro o cinco pedazos, si consigues pegarla con cola y no pringarte te vende el Loctite y sino no, pues lo más probable es que si te lo llevas acabes en urgencias con los dedos pegados al jarrón y el jarrón a su vez, pegado a tu cara.

 

Pero no todo son ventajas. A mi el sofá me vino sin patas. Y fui a hacer una reclamación pensando: “¿Serán como los de El Corte Inglés, que te cambian hasta un bocadillo mordido sin pedirte explicaciones? ¿O me harán dar más vueltas que Marco buscando a su madre? Por suerte me dieron las patas. Y menos mal, porque en el salón no se juega, y con los clientes tampoco.

Columpios peligrosos

Hoy en La Voz de Galicia se me ha dado por hablar de los columpios y de sus inseguridades: 

Hace un tiempecillo leí en un prestigioso periódico cuyo nombre no diré por no tirar piedras contra mi propio tejado, una noticia un poco absurda. Personalmente siempre he sido de la opinión de que cuando no hay noticias suficientes para completar la edición de un periódico, es mejor que hagan más grande el crucigrama o que incluyan dos sudokus, que hay gente que se aburre mucho. Incluso sería mejor que contratasen a alguien para escribir tonterías sobre dentífricos, ultramarinos, churrasco o columpios, ¿o eso ya lo hacen? En fin… La noticia en cuestión contaba que los parques infantiles gallegos incumplen las normas de seguridad, y recogía un profundo análisis de los problemas que padecían. Me llamó la atención leer que más del 50% de los columpios de Galicia eran peligrosos porque había riesgo de quedar atrapado en ellos, que si yo tuviese un hijo y se quedase atrapado en un columpio iría al registro de familia o a donde leches haya que ir a devolverlo, ¡que yo a ese hijo no lo quiero! ¡Por inútil! ¿Es que cómo te puedes quedar atrapado en un columpio? Que es una tabla horizontal con una cadena a cada lado, ¡es imposible! O si no que busquen en la hemeroteca titulares del tipo, “Niño de seis años pasa nueve días atrapado en un columpio y sobrevive alimentado por las palomas”, o “Hallada muerta la niña que no sabía como salir del tobogán”. No hay. Estoy seguro. Y es más, ¿qué es lo que hace que en el otro cuarenta y pico por cien no exista este peligro? ¿Tienen salida de emergencia? A este paso les acabaran poniendo un extintor también. No vaya a ser que se incendien y no de tiempo a evacuar. Que de todas formas me parece el colmo, que los columpios por encima de haber pocos, sean peligrosos. Porque haced un calculo rápido de los columpios que hay en vuestro pueblo o barrio y el número de infantes en edad de columpiarse, os dará una proporción de aproximadamente un columpio por cada quinientos niños. Que yo me acuerdo de que cuando era un chavalín los domingos mi padre me levantaba a las seis para ir al parque, y me decía: “Vamos Rober, levántate que sino no cogemos columpio”. Y eso que muchos niños no se atrevían a ir por miedo a perder sus rodillas en la gravilla. Que ahora con el suelo de caucho cualquiera hace el cafre. Que así andan de envalentonados los niños de ahora.

En una ocasión al subirme al columpio, chirriaron las cadenas y mi padre se percató de que una de ellas estaba apunto de romperse. Mi padre, como buen ciudadano que es, advirtió de esta cuestión a un agente de policía que pasaba por allí, a fin de que se señalizase de algún modo este peligro potencial, a falta de medios para su subsanación, y adelantándose así veinte años a las preocupaciones de la Xunta que hoy me traen a mi a esta página. El agente tras examinar atentamente el estado de la cadena, concluyó, “No pasa nada, porque la cadena del otro lado está en perfecto estado”. Nosotros por si acaso nos fuimos…

Otra cosa alarmante dentro de este profundo estudio era que al menos un 60% de los juegos infantiles de los parques no cuentan con una plaquita que indique que ese columpio, tobogán o lo que sea cumple el Real Decreto 2003/nosequé, que yo ya me estoy imaginando a los niños llegar todos ilusionados al parque, felices de encontrarse los columpios libres, frenarse en seco y decir, “Vámonos al otro parque que este no sbemos si cumple con el Real Decreto…”

Pero, paradojas de la información, días más tarde, en la sección local hablaban de un parque en cuyos juegos infantiles aparecen cada fin de semana preservativos usados. ¡Para que luego digan que no se cumplen las recomendaciones de seguridad! Otra cosa es que los juegos sean infantiles…

Y hablando de columpios peligrosos, pocos columpios más peligrosos puede haber que un columpio asesino (eso si es hilar los temas, ¡eh!), grupo que recomiendo a todos los que lo desconozcan:

El Columpio Asesino: Floto

 

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